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Puntaje Nacional en matemáticas

Puntaje Nacional en Matemáticas: Lo principal es tener confianza en uno

Felipe Lorca Ceza (17, Instituto Nacional) se despertó hoy con la noticia de que había logrado los ansiados 850 puntos en la PSU de matemáticas. Su logro se lo adjudica a la tenacidad y a la autoconfianza.

02 ENE

Felipe Lorca Ceza tiene 17 años. Como los otros más de 286 mil estudiantes que rindieron la PSU el pasado mes de diciembre, anoche también durmió poco. Él y su familia estaban nerviosos, todo el esfuerzo de sus 12 años de estudio por fin rendirían frutos cuando se publicaran los resultados de los puntajes nacionales de la PSU 2010.

“Estas últimas noches soñaba con el puntaje nacional, que estaba en el colegio y que llegaba la orientadora con una lista de puntajes nacional y me nombraba. Otra vez soñé con que mi mamá me decía que había sacado puntaje nacional”, confiesa haciendo recuerdo de cómo han sido sus últimas jornadas.

“Cuando me enteré del puntaje, grité, salté… estaba muy feliz. Llamé a mis compañeros para felicitarlos. De mi curso cinco sacaron puntaje nacional en matemáticas y uno en ciencias”, agrega.

Felipe logró los ansiados 850 puntos en la prueba de matemáticas. Con una sonrisa imborrable de su cara y los ojos brillosos de felicidad, recibió a Ues en su casa. Entre que terminó de hacer su cama, ordenó un par de cosas en su escritorio y se acomodó para empezar esta entrevista, su vida pareciera que siguiera con total normalidad.

Para él, haber logrado aparecer en la lista de los que lograron ganarle a la PSU, es algo completamente normal… y hasta esperado.

“Me siento contento. O sea, en el momento de saber el puntaje fue una alegría total. Supe hoy al mediodía y estaba con mi familia buscando por todas partes los resultados, hasta que mi papá lo encontró”, cuenta mientras hace memoria de las últimas horas.

Esta tarde, luego de una ceremonia en su colegio, el Instituto Nacional, liceo que logró 54 puntajes nacionales, se reunió con su familia para esperar los otros resultados. Los que le permitirá decidir a qué dedicar sus próximos cinco años.

Un camino de esfuerzo, pero más de voluntad personal.

Felipe estaba seguro de que iba a lograr un alto puntaje en la PSU. “Lo esperaba, porque ya había revisado las preguntas y estaba muy seguro”.

Cuenta que durante el 2010 se dedicó de lleno a preparar la prueba. Que no dejó momento libre para distraerse y que, en vez de jugar tanto tenis como lo hacía antes, cambió la raqueta por las guías.

“Dejé de hacer muchas cosas, me dediqué 90% al estudio. Dejé harto de lado el tenis, que es mi principal hobbie. Antes entrenaba cinco veces a la semana y ahora una. Salí menos, me metí al preuniversitario del colegio todo el año y me gané una beca del Preuniversitario Pedro de Valdivia, un intensivo todo el segundo semestre”, cuenta.

Como tip, dice que uno de sus secretos es que mientras más se acercaba la prueba, más ensayos hacía. Apuntó los temas que se sentía menos preparado, repasó las materias en que tenía dudas y preparó su prueba con extremo cuidado. Sin dejar ningún tema de lado.

Felipe dice que él cree que la razón de su puntaje, además del esfuerzo personal y la tenacidad con que hay que estudiar, también jugó a su favor el apoyo de su familia. “En general, yo creo que fue un apoyo de convencerme de que sí podía. La mayoría de la gente me dio su apoyo con palabras cuando yo pensaba que no podía. Mis papás, mis amigos, mi polola me decían que sí podía, que me iba a ir bien”, agrega.

Sólo 1.

El día de la PSU, Felipe volvió un poco desanimado. Pensó que se había equivocado en una respuesta de la prueba de matemáticas. “Era un ejercicio complicado, que ahora no me acuerdo bien, era algo sobre enteros y la respuesta era “sólo 1”, yo puse esa, pero después me entró la duda y la revisé con mis compañeros y pensé que la tenía mala, la revisamos varias veces y la discutimos y ahí vi que la tenía buena, en ese momento me sentí super bien. Luego, cuando subieron todas las respuestas me di cuenta que estaba correcta y ahí me relajé”, cuenta mientras trata de acordarse bien cómo era ese enunciado.

Y es que esperaba replicar los resultados que ya venía obteniendo en los ensayos. Como muchos de sus compañeros, discutieron las respuestas, pero aún así no estaba completamente seguro de haber logrado los 850. “Tenía dudas de si era puntaje nacional o no”, dice.

La respuesta “Sólo 1” era la correcta, y con esa logró sumar los puntos suficientes como para despreocuparse y esperar a que salgan los resultados finales.

Plan común en la Chile.
“Mi primera opción es entrar al plan común de ingeniería en la Chile. Igual tengo que ver los demás puntajes, pero sé que me fue bien, así que esa es mi primera opción”, cuenta muy seguro.

Aunque dice que haber estudiado en uno de los “liceos emblemáticos” le ayudó mucho en sus buenos resultados, asegura que la clave está más en el hecho de “cambiar el switch” y convencerse de que sí es posible.

“Yo creo que lo que más sirve de estar en el Instituto Nacional, es el convencimiento que te dan de que tú vas a ser de los mejores, que te digan que sacar menos de 850 es malo, y ver que todos están a un nivel tan alto que tú no puedes ser menos, entonces yo creo que eso es lo principal del Instituto. Uno no puede estar más abajo”.

Los profesores necesitan tener vocación.
A pesar de tener 17 años, de disfrutar jugando tenis y saliendo con su polola y sus amigos, Felipe es también un joven preocupado de la actualidad de nuestro país. Y como buen institutano, no duda al mostrar sus ideas claras. Frente al actual problema de la educación, también tiene su opinión.

“Yo creo que falta vocación en los profesores, gente que le guste lo que haga. Que no vayan con poco ánimo a hacer clases o que no le guste lo que está haciendo. Que sepan motivar a los alumnos. No sé si son tan importantes las horas de estudio que se quiten o se agreguen. Yo voy más por la vocación de los profesores. En todos los colegios, por muy bueno que sea, se ven profesores buenos y profesores malos”, sentencia.

Un futuro en la playa y con plata.
Sobre cómo se ve en el futuro, a corto plazo dice que quiere descansar y prepararse para esta nueva etapa de su vida, “el resto del verano quiero ir a la playa, carretear y ahí ver bien qué hago. No lo tengo muy decidido”, cuenta con risas. Y claro, si todo ha pasado muy rápido.

Lo que sí tiene más o menos previsto es su futuro a largo plazo. “En 10 años me veo… no sé, tal vez me veo con plata no más (risas). Todavía no sé bien en qué me gustaría trabajar en específico. Por ahora me voy a ir a la playa la próxima semana con unos amigos”, agrega mientras aún termina por creerse el cuento: después de todo, sólo algunos obtuvieron un puntaje nacional.

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